Anabela, mientras tanto, se encontraba reunida con sus compañeras de clase quienes le hablaban maravillas de una palabra que en su idioma no existía: amor. Recordaba habersela escuchado a su madre, e incluso a su hermana, pero la escasa experiencia que tenía de lo que verdaderamente significaba esta palabra no era un grato pensamiento y su mente de niña lo había borrado.
Ahora, se planteaba, al oir a sus amigas Raquel, Sonia y Candela hablar del tema, si ella podría sentir ese deseo de amar y ser amada alguna vez. Como todas las niñas, soñaba con un príncipe encantador que se deshiciera en halagos y mimos con ella pero, lo veía como algo tan inalcanzable, que nunca se imaginó la forma en que le llegaría su hora.
Una tarde, apareció su amiga Sonia de las Trenzas Doradas para comunicarle su compromiso con un apuesto noble, Sir Daniel del Amor Perdido. Ésta estaba emocionada y le contaba maravillas sobre él. Anabela, no obstante, parecía no escucharla hasta que dijo unas curiosas palabras: "Sir Daniel me dijo ayer que se hospeda en su castillo un príncipe amigo suyo que, tras hablarle de tí y de tu belleza, desea fervientemente conocerte". Anabela quedó extrañada ante las palabras de su amiga, parecía como si se hubiera vuelto loca: "Un príncipe cualquiera-pensó-quiere conocerme a mí, no lo creo, además, hay numerosas chicas casamenteras en el reino para que quiera conocer a la más difícil". Mientras tanto, su amiga seguía relatando alegremente las virtudes de su prometido y este curioso forastero.
Días más tarde, y tras largas noches de insomnio, el frío corazón de la princesa Anabela empezó a caldearse con una llama que nunca antes había sentido...
Continuará
Ohhhh!! Q emoción nena..Gracias por escribir sobre mí, me enccantaaa!!ya estoy deseando leer el próximoooo Un besazo enorme Cervantes!! Te adoro..
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